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Recordemos que desde hace tiempo se sabía que
poblaciones que consumían cantidades importantes
de pescado o animales marinos tenían baja incidencia
de afecciones cardiovasculares.
De
todas ellas, el pueblo esquimal ha sido, sin duda,
el principal referente y protagonista de numerosas
investigaciones.
Una
de las más reveladoras fue el estudio comparativo
realizado entre un grupo de esquimales que vivían
en Groenlandia, otro que había emigrado a Dinamarca
y un tercero de daneses que vivían en Dinamarca.
Este confirmó el hecho, ya conocido, de que
los esquimales tienen los valores más bajos
de colesterol y triglicéridos sanguíneos
y un favorable espectro lipoproteico. En este sentido,
la aportación original del autor Dyerberg,
fue demostrar que la baja incidencia de enfermedades
cardiovasculares se debe a que estos individuos tienen
más bajos los niveles de las dos lípoproteínas,
LDL y VLDL, que tienen acción negativa en este
problema.
Por otro lado, los esquimales que vivían en
Dinamarca tenían igual nivel de estos compuestos
que los daneses. Con ello se demuestra que este hecho
no se debe a la raza, sino a los hábitos alimentarios.
Se comprobó también que, a diferencia
de lo que ocurre con los daneses, los esquimales de
Groenlandia no incrementan su colesterol con la edad.
Dieta con pescado
Cuando se habla de este tema, no se puede olvidar
el trabajo pionero de NELSON (1972). Este investigador
trabajó con dos grupos de pacientes. Todos
ellos habían tenido un infarto en los últimos
16-19 años. Un grupo consumió una dieta
con una cantidad elevada de pescado graso, mientras
que el otro grupo continuo con su dieta habitual con
poco pescado.
Se estudió la supervivencia de ambos grupos,
encontrando que los consumidores de pescado habían
mejorado la supervivencia hasta el 32-36%, con respecto
a los del grupo que continuó con su dieta habitual.
Así
podemos afirmar que en la actualidad está demostrado,
tanto histórica como experimentalmente, que
el consumo de grasas de pescado disminuye la prevalencia
de enfermedad cardiovascular, especialmente de las
coronarias.
Estas
virtudes se atribuyen a una determinada familia dentro
de los ácidos grasos poliinsaturados (PUFA)
de los que la grasa de pescado es muy rica, los llamados
w-3 (los que poseen una insaturación en el
carbono número tres contando desde el extremo
metílico) que disminuyen la concentración
de triglicéridos en el plasma sanguíneo.
El más importante de los ácidos grasos
w-3 parece ser el eicosapentaenoico (EPA), el cual
tiene una potente acción antiagregatoria.
Fomentar
el consumo
El pescado, ya sea blanco o azul, es un alimento muy
nutritivo, pero por desgracia de escasa aceptación
entre los más pequeños…
Un excelente aporte nutritivo
El
pescado tiene una composición en nutrientes
parecida a la de la carne: proteínas de gran
calidad, grasas o lípidos, pequeñas
cantidades de vitaminas, sales minerales y purinas
(principalmente en el azul). Al igual que la carne,
no contiene hidratos de carbono y en función
de la cantidad de grasa se dividen en pescados grasos
(0-2% de grasa), semigrasos (2-6% de grasa) y azules
(más de 6% de grasa). El tipo de grasa más
abundante es la insaturada, y en los azules abundan
los ácidos grasos de la serie omega-3. Destaca
así mismo su contenido mineral de yodo, fósforo
y magnesio. Cabe señalar que algunos peces
que se comen con espina, aportan además calcio
de fácil asimilación en cantidades significativas
(conservas de sardinas, pescaditos fritos, etc.).
Las
Mejores Maneras de Preparar el Pescado
El pescado es entre las carnes, el que goza de un
prestigio muy bien ganado, es sinónimo de alimento
saludable por sus infinitos beneficios para la salud,
que van desde la eficacia contra la artritis hasta
la prevención de problemas cardíacos.
Pero para que realmente nos haga bien, hay que saber
qué especie comprar y cómo prepararlo.
Asado:
Sazone los pescados y úntelos con aceite. Luego
colóquelos en el grill o en el horno ya caliente
(ciertas variedades necesitan ser pasadas por harina).
Las especies pequeñas se asan fácilmente,
pero los pescados más gruesos requieren unos
cortes en los costados para evitar que la piel se
rompa. Esta forma de cocción es muy digestiva
y conserva bien las propiedades nutritivas.
Estofado:
Antes de poner el pescado en la cacerola debe saltarlo
con un poquito de aceite para que luego no se deshaga.
Ponga en la cacerola un fondo de verduras con un poco
de jugo de limón y caldo; agregue el pescado
ya saltado junto con los vegetales. Tape la cacerola
y déjelo cocer durante 20 minutos por cada
kilo de peso. El pescado está listo cuando
resulta fácil pincharlo con un tenedor. Recuerde
que el fondo de cocción le servirá luego
para la salsa.
Frito:
Pase los trozos de pescado por una pasta para rebozar
o por leche y harina o huevo. Coloque los pedazos
en aceite caliente durante unos minutos y luego póngalos
sobre una servilleta de papel para que absorba la
grasa. Esta preparación tiene un alto valor
calórico, aún más si se lo acompaña
con salsas.
Salteado:
Seque los trozos de pescado, páselos por harina,
póngalos en una sartén con aceite bien
caliente y déjelos hasta que comiencen a tomar
color dorado. Si utiliza peces pequeños o filetes
también puede rebozarlos con pan rallado. Esta
cocción conserva todo el valor nutritivo aunque
hay que comerlo al instante y renovar el aceite para
evitar que se torne menos digestivo.
Hervido:
Sumerja el pescado en agua hirviendo con un chorrito
de jugo de limón y hierbas aromatizantes (laurel,
cebolla, tomillo). Déjelo a fuego mínimo
durante 20 minutos por cada kilo de peso. También
puede agregar leche, verduras o vino blanco. Con esta
cocción el pescado pierde vitaminas y minerales.
Para compensarlo combínelo con verduras.
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