| Por:
Dr. José A. Malberty Agüero
El
verano es la época del año esperada
por todos.
Junto con esta estación llegan las vacaciones,
los viajes, los paseos a la playa, pero también
el calor, la exposición prolongada ante los
rayos del sol y el exceso de sudoración.
Es además, el momento del año que muchos
escogen para comenzar una dieta y practicar ejercicios
al aire libre que les permita lucir un mejor cuerpo
con sus trajes de baño o ropas veraniegas.
Los primeros calores del año nos tientan a
ciertos excesos. Uno de ellos es la necesidad estética
de mostrarnos con una tez acorde a la estación.
Mucho se habla y queda por hablar sobre los riesgos
de una inadecuada exposición a los rayos solares.
Pero la primavera es seguida muy de cerca por el cálido
verano, y no sólo protegiéndonos del
sol con pantallas solares excluimos los riesgos del
verano para la salud: también debemos considerar
el calor.
El organismo dispone de mecanismos para regular la
temperatura corporal dentro de límites bastante
amplios, lo que es llamado termorregulación;
pero este mecanismo puede ser excedido no sólo
en niños, ancianos o personas con algunas dolencias,
sino que pueden llegar a ser insuficientes aun en
los saludables jóvenes, con frecuencia más
deseosos de disfrutar cada verano como si fuera el
último.
¿Cómo
es el equilibrio regulatorio de la temperatura corporal?
Nuestro
cuerpo constantemente gana y pierde calor. Se genera
gran cantidad de calor por los procesos biológicos
internos del cuerpo (denominado en su conjunto metabolismo
basal). Este calor se eleva con la actividad física.
También se gana calor del medio ambiente en
forma de radiaciones, fundamentalmente la solar u
otras fuentes generadoras como pueden ser maquinarias
o combustión de gas y otros productos a nuestro
alrededor.
Por
otra parte se pierde calor (siempre que la temperatura
externa sea inferior a la del cuerpo) por radiación
de ondas hacia el medio o por transferencia hacia
el aire circundante. También se puede transferir
nuestro calor directamente al contacto con objetos
más fríos. Otra formas de perder energía
caloríca es a través de la evaporación
del sudor y la respiración.
Los
mecanismos de termorregulación corporal están
constantemente activos y en ellos participan los sistemas
nervioso, cardio-circulatorio, renal y hormonal.
¿Qué
ocurre cuando el calor es excesivo?
Hay
falta importante de líquidos, pérdida
de electrolitos (sodio, potasio, cloro etc), elevación
de la temperatura corporal y, producto de ello, afectación
del funcionamiento de los distintos sistemas orgánicos.
Nos enfermamos.
¿Qué
trastornos se producen?
Una
de las principales causas de enfermedades causadas
por el calor es la deshidratación. La cantidad
de agua necesaria para reponer los líquidos
que pierde el cuerpo varía de persona a persona
y depende de la temperatura, humedad y del tipo de
trabajo. Es importante conocer los síntomas
que se producen, pues no siempre la sed es un aviso
temprano de estos trastornos. Las enfermedades y sus
síntomas pueden ser:
•
Agotamiento por calor. Se produce sudoración
excesiva, palidez, calambres musculares, sensación
de agotamiento, mareos o dolores de cabeza, sensación
de nausea o vómito y puede producirse el desmayo.
•
Golpe de calor. Puede llegar a ser muy grave y es
necesaria siempre la asistencia médica. Temperatura
corporal superior a los 39°C, piel roja, caliente
y usualmente seca, fuerte dolor de cabeza y/o mareos,
dolor de estómago, estado de confusión
o pérdida de conciencia.
¿Quiénes
son susceptibles de padecer estas enfermedades?
Todos
somos susceptibles de sufrir estos trastornos, aunque
hay mecanismos de adaptación al calor dentro
de ciertos límites, pero toman días
o semanas en desarrollarse; por ello: ¡mucho
cuidado al entrar el verano pues no estamos “adaptados”!
Tienen una susceptibilidad mayor: quienes no han descansado
lo suficiente, tienen sobrepeso, niños y adultos
mayores de 40 años, quienes padecen de presión
alta, están tomando medicamentos, alcohólicos,
diabéticos, o quienes simplemente no siguen
las medidas para controlar los efectos del calor.
¿Cuáles
son las medidas a tomar?
Están
en dos niveles: las medidas para prevenir los trastornos
por calor y las medidas para tratar síntomas
de trastornos por calor.
Medidas
preventivas:
•
Ingerir más líquidos independientemente
del tipo de actividad, sin esperar estar sediento.
•
Evitar bebidas cafeinadas, alcohólicas o muy
azucaradas.
•
No exponerse al sol demasiado tiempo o en horarios
en que los rayos solares llegan más verticalmente.
•
Tener habitaciones ventiladas.
•
De ser posible, permanecer en locales con aire acondicionado.
•
Reducir la actividad física cuando el calor
es excesivo o en locales cerrados. Ingerir al menos
dos vasos de líquido por hora en estas circunstancias.
•
Descansar con frecuencia a la sombra.
•
Usar ropa ligera, holgada y de colores claros.
•
No permanecer en el interior de vehículos estacionados
al sol o cerrados.
•
Tener especial cuidado con niños menores de
4 años, personas mayores de 65 años
y enfermos.
•
Tener presentes los factores que aumentan la producción
de calor (ejercicio físico, fiebre, hipertiroidismo,
consumo de drogas); la absorción de calor (viviendas
calurosas, trabajos en ambientes calurosos); interfieren
con la pérdida de calor (temperaturas ambientales
elevadas, alcoholismo, diabetes, elevada humedad ambiental,
ropa inadecuada)
Medidas
ante síntomas de trastornos por calor:
•
Agotamiento por calor: Si los síntomas son
muy severos o la persona sufre de alguna enfermedad,
solicite ayuda médica lo antes posible. Tomar
bebidas frescas no alcohólicas, descansar,
cambiarse a ropa ligera, ir a un lugar lo más
fresco posible - idealmente con aire acondicionado;
refrescarse con una esponja húmeda y si no
tiene mareos tomar un baño con agua fresca.
Si los síntomas no se alivian en una hora,
solicitar asistencia médica para evitar llegar
al cuadro de golpe de calor.
•
Golpe de calor: Llamar al médico con urgencia;
el golpe de calor es un cuadro que puede ser muy grave
con mortalidad elevada y secuelas importantes si no
se atiende de inmediato. Mover a la persona a un lugar
con sombra, refrescarla con agua fría abundante
hasta disminuir la temperatura a menos de 39°C.
Si está consciente darle a beber líquidos
frescos no alcohólicos.
Estemos
alerta, no digamos “no te preocupes, lo que
tiene es por el calor”. Sí, lo que tiene
es por el calor, pero puede ser muy grave
Cuidado
con el solarium
El
solárium y los riesgos para la salud
Por: Paulina Ibarra
El uso de lámparas bronceadoras y soláriums
sin fines médicos, que en los últimos
años ha aumentado mucho entre adolescentes
y mujeres menores de 50 años, puede elevar
el riesgo de contraer cáncer de piel.
Los
soláriums imitan la luz del sol y proporcionan
dosis tan intensas y concentradas de rayos ultravioleta
que se puede predecir que las personas que los usan
puedan desarrollar cáncer de piel.
Uno
de los últimos estudios realizados, patrocinado
por el Instituto Nacional del Cáncer de Estados
Unidos, siguió la evolución de un total
de 1.500 personas, con edades comprendidas entre los
25 y los 74 años.
Entre
ellos se han incluido personas sanas y cerca de 800
hombres y mujeres que han desarrollado algunos de
los dos principales tipos de cáncer de piel:
el denominado carcinoma de células escamosas
y el carcinoma de células basales. Entre los
que habían tenido sesiones de bronceado artificial
aumentó en 2,5 veces el riesgo de desarrollar
el primer tipo de cáncer y en 1,5 veces el
segundo.
Para
los investigadores, estos resultados son preocupantes,
debido a "la creciente popularidad del bronceado
artificial entre los adolescentes y jóvenes
adultos".
Anteriores
estudios habían apuntado a la relación
que existe entre las camas bronceadoras y cáncer
de piel del tipo melanoma, que es un tipo aún
más agresivo. Sin embargo, no existían
estudios acerca de la relación de estas máquinas
con las formas más comunes de cáncer,
las de tipo basal y escamoso. "Los usuarios de
estos artefactos sufren a menudo quemaduras similares
a las que provoca el sol, y esas quemaduras están
relacionadas con un mayor riesgo de desarrollar los
tres tipos de cáncer".
El
estudio analizó las respuestas de los participantes
en cuanto al uso de camas bronceadoras, horas de utilización,
tendencia a las quemaduras, tratamientos de radiación
previos o hábitos de consumo de cigarrillos.
Según los investigadores, factores como quemaduras
previas producidas directamente por el sol o tiempo
de bronceado natural no parecen explicar el riesgo
excesivo que se ha observado entre quienes utilizan
artefactos de bronceado artificial.
Los
científicos sugirieron que el uso de estos
equipos se limite a los adultos y que se pida a los
usuarios que firmen un formulario de consentimiento
donde reconozcan los riesgos asociados con la práctica.
Cuando
el Sol agota
Por:
Mario Rivas
Falta de agua en el organismo, excesiva exposición
al Sol, mala ventilación y alta temperatura
corporal son factores que de conjuntarse en esta época
veraniega pueden desencadenar agotamiento por calor
o insolación, serios transtornos que afectan
con más fuerza a niños, deportistas
y gente de la tercera edad, poniendo en riesgo su
vida.
Estos
padecimientos, agrupados bajo el nombre hipertermia
y conocidos también como "golpe de calor"
(específicamente cuando afecta súbitamente),
son un problema en el que influyen factores externos,
como la estación del año en curso o
el grado de exigencia que tenga la actividad física
que se realice, y los especialistas coinciden en señalar
que la presencia de este problema es también
responsabilidad del afectado.
Entre
las personas mayores, por ejemplo, no se presta suficiente
atención a la hidratación ni a condiciones
ambientales, ya que se desconoce que al envejecer
nuestro sentido de la sed o de la temperatura no se
estimulan con la misma facilidad que cuando se es
joven: la gente mayor suele sentir sed hasta que hay
ciertos niveles de deshidratación, pues con
la edad se dan cambios en la estructura de la piel
que hacen más difícil la percepción
de las alteraciones del clima.
Otros
factores dificultan el control de la temperatura corporal
en gente de la tercera edad, como presión arterial
alta (hipertensión), consumo de alcohol, haber
padecido diarrea o vómito, uso de medicamentos
(antihistamínicos -para alergias-, tranquilizantes
y diuréticos) y costumbres típicas de
la edad: mantener apagados ventiladores o aire acondicionado
para ahorrar electricidad, cerrar ventanas por miedo
a sufrir un robo o vestirse con demasiada ropa (corbatas,
sacos, medias, etcétera).
Cabe
hacer hincapié en esto último. Los agotamientos
por calor en ancianos no se deben sólo a la
exposición directa al Sol (en este caso insolación)
o al incremento de temperatura en épocas como
primavera y verano, sino que también dependen
de ventilación y humedad, dado que estos factores
evitan la evaporación del sudor, que es el
fenómeno que en sí permite al organismo
disminuir su temperatura.
Asimismo,
la práctica de actividades y deportes cuando
la temperatura ambiente se acerca a 28º C o es
mayor, representa un factor de riesgo que también
incluye a niños, gente obesa y deportistas
quienes, en caso de realizar actividades de exigencia
física, deben habituarse progresivamente al
clima, beber abundantes líquidos, evitar exponerse
al Sol de mediodía, suspender el ejercicio
si aparecen calambres, malestar, debilidad o náuseas
y buscar ayuda especializada.
Síntomas
y prevención
Ante
todo, debe considerarse que la hipertermia tiene dos
formas principales de manifestarse. Una de ellas es
el agotamiento por calor, señal de que el cuerpo
se calienta demasiado; la persona puede sentir sed,
mareo, debilidad, falta de coordinación, náusea
y sudor profuso. En estos casos la temperatura del
cuerpo generalmente es normal (entre 37º y 37.5º
C) y el pulso es regular o alto, pero la piel se siente
fría y húmeda.
Cuando
ello ocurra es necesario que, a los primeros síntomas
de mareo y desvanecimiento, se llame a una ambulancia
y se recueste a la persona afectada en un lugar fresco,
bajo techo y bien ventilado, con las piernas elevadas.
Si el paciente está dispuesto, pueden proporcionársele
bebidas que favorezcan la rehidratación, como
jugos de frutas o agua con sal (1 cucharada por litro
de líquido).
La
insolación es más delicada, pues pone
en peligro la vida de la persona, por lo que la atención
médica inmediata es esencial ante las primeras
señales. Un individuo con este problema tiene
una temperatura corporal superior a los 40º C,
se siente confundido, tiene comportamiento extraño,
sensación de desmayo, tambaleo, pulso fuerte
y rápido, piel seca y roja, falta de sudor,
posible delirio o hasta coma (perdida de conocimiento,
sensibilidad y movimientos).
En
estos casos, y en lo que llega ayuda médica,
debe trasladar al afectado a una zona fresca y tratar
de mejorar su estado con la aplicación de paños
fríos o bolsas con hielo sobre la cabeza. Si
el problema empeora o la temperatura aumenta, se debe
retirar la ropa de la persona, pasarle una esponja
mojada por la cara o, de ser posible, aplicar baños
de agua helada. Luego, se le cubrirá el cuerpo
con una sábana mojada o se le rociará
con agua fría hasta que su temperatura corporal
se normalice. En situación extrema se recurrirá
a la respiración boca a boca.
Como
la mejor manera de combatir estos eventos es la prevención,
lo conveniente es evitar la deshidratación
bebiendo cantidades adecuadas de agua; en particular,
los ancianos pueden cerciorarse de esto si orinan
por lo menos 5 ó 6 veces al día, siempre
que esto no sea consecuencia del consumo de algún
tipo de medicamento. Por ello, debe consultarse al
médico sobre las propiedades de los fármacos
que recete y saber si hay alguna precaución
para su uso en épocas de mucho calor.
También
deberán evitarse las actividades muy vigorosas
al mediodía y hasta las cuatro de la tarde,
así como permanecer en un lugar asoleado si
se comienza a sentir agotamiento por calor; es mejor
desplazarse a un lugar donde haya sombra y que este
ventilado, incluso aflojarse la ropa. Además,
deben usarse prendas ligeras, así como evitar
comidas muy calientes, grasosas o condimentadas.
De
esta manera se evitará al máximo que
este verano el calor o el Sol generen situaciones
que pongan en peligro la salud e integridad de los
grupos de riesgo, como la gente de la tercera edad.
El
sol influye en nuestro humor
Por:
Raúl Serrano
La ciencia lo explica fácil: la luz solar incide
en ciertas actividades del cerebro que tienen que
ver con el humor de las personas, de manera que al
disminuir la iluminación solar la gente tiende
a deprimirse. Por fortuna, en países tropicales,
como México, el porcentaje de afectados es
menor, aunque el desánimo existe y las causas
son otras.
Para
poder explicar como influye la época de calor
en nuestro temperamento, será necesario empezar
por el lado opuesto, es decir, explicar qué
es la depresión estacional. En 1921 el psiquiatra
alemán Emil Kraepelín utilizó
este enunciado para definir a un conjunto de síntomas
depresivos incubados en otoño, acentuados en
invierno y los cuales desaparecen en primavera. Los
rasgos más comunes son:
Decaimiento.
Somnolencia. Dolor de cabeza. Incremento de peso (y
preferencia por los carbohidratos). Mal humor. Irritabilidad.
Ansiedad. Propensión a la tristeza. Cansancio
físico. Aislamiento social. Lo que llamó
la atención del investigador alemán
fue que al inicio de la década de los 20 del
siglo pasado, miles de personas con rasgos depresivos
buscaron ayuda especializada, siendo más notorio
en los países nórdicos (Noruega, Suecia,
Finlandia y Dinamarca), casualmente los más
alejados de la línea ecuatorial donde la luz
solar es más intensa.
El
pronunciamiento de esa época tiene vigencia
aun en nuestros días, razón por la que
sigue siendo motivo de estudio. Es así que
se sabe que afecta a 85% de mujeres de alrededor de
30 años, y en especial a aquellas que tienen
cierta predisposición o vulnerabilidad a ser
depresivas.
Solecito...
caliéntame un poquito El mismo Kraepelín
señaló en su momento que las estaciones
intervienen en nuestros rasgos de conducta. La explicación
es que influyen directamente en la actividad de un
neurotrasmisor (cuya función es la intercomunicación
entre neuronas), llamado serotonina, producido por
la glándula hipófisis (situada en la
parte central del cerebro) y que es responsable de
"moldear" nuestros estados de ánimo,
mediante, entre otras cosas, la cantidad de luz que
se recibe del exterior. Se entiende entonces que cuando
la secreción de esta hormona es baja, se produce
depresión.
La
influencia de la luz es tan poderosa en los neurotransmisores
cerebrales, que se recurre a ella en tratamientos
para aliviar ciertos casos de obsesión, ansiedad,
bulimia y, por supuesto, depresión. La técnica
que la emplea se denomina luminoterapia, y consiste
en aplicar luz blanca artificial a través de
lámparas especiales con filtros ultravioleta
o infrarrojos, de intensidad de 2500 lux (500 watts
de potencia) al menos durante dos horas al día,
un mínimo de dos semanas.
Otra
explicación que dan los científicos
contemporáneos al desánimo característico
de la época invernal podría ser la secreción
de melatonina, hormona que segrega la glándula
epífisis (también ubicada en el cerebro)
durante las noches y que se ha comprobado participa
en la generación de sueño y baja temperatura
corporal. De manera que si en invierno los periodos
de luz solar se reducen, y los de oscuridad aumentan,
habrá mayor cantidad de melatonina.
Además,
se ha observado que cuando la melatonina aumenta,
disminuyen los niveles de serotonina en el cerebro,
por lo que se afecta el buen estado anímico.
Dicen algunos expertos que bastarían dos semanas
de insuficiencia de luz en individuos predispuestos
para disminuir los niveles de serotonina y conducir
a depresión.
Por
cercanía al Ecuador Hasta ahora es claro que
la disminución de luz es el desencadenante
de depresión estacional, que año tras
año afecta a millones de personas en el mundo,
y la cual desaparece espontáneamente con la
llegada de la primavera o con el cambio de hemisferio.
Durante los meses cálidos no resulta raro que
en países cercanos a los polos se presenten
otro tipo de manifestaciones que se disparan hacia
el lado opuesto, ya que hay muchos casos de personas
que se vuelven hipomaníacos o maníacos,
es decir, alegres y ansiosos en exceso.
Sería
absurdo decir que quienes habitan en las regiones
situadas cerca del Ecuador no serán presas
de la depresión, pero sí es correcto
señalar que las tasas de incidencia son menores.
¿Sabe usted, por ejemplo, que en Brasil -país
eminentemente tropical- psicólogos y psiquiatras
tienen mucho menos trabajo que en Argentina o España?
Lo anterior se interpreta en que la gente es mucho
más alegre, bullanguera, optimista y participativa,
tal vez, por la estimulación natural de la
serotonina por el Sol.
Los
especialistas médicos en atención de
la mente recomiendan aprovechar al máximo los
días soleados, sin descuidar las precauciones
que deriven en problemas de piel u ojos. Así,
se indica:
Realizar
paseos o caminatas. Si es posible, practique actividades
físicas, como correr, durante la mañana.
Instalar en trabajo u oficina los escritorios cerca
de las ventanas. En los hogares, hay que usar lámparas
de alta potencia. Evitar la oscuridad en ambientes
pequeños. Por eso, no será raro que
se vuelva más frecuente escuchar de una nueva
disciplina científica, la fotobiología,
que se encargará de estudiar la relación
de los seres vivos y la luz. En tanto, prepárese
a aprovechar de nuestra primavera y verano tropicales
para hacer reservas de buen humor para los próximos
otoño e invierno.
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